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lunes, 3 de octubre de 2011

Formentera











Dos trayectos en tren, uno en avión, otro en autobús, uno más en barco, nos llevaron hasta el bullicioso y radiante puerto de La Savina, (la única entrada y salida del lugar)junto al Estany des Peix -el Estanque del Pez-, que se comunica con el mar por un pequeño entrante marino, y, unos cinco kilómetros en moto, hasta la casita que habíamos alquilado en Sant Francecs Xavier, en la paradisíaca isla de Formentera.
El día, radiante, de no menos de 28C, sin nubes, el cielo azul y el sol..., el sol meridional de una isla encarada hacia África que sonríe de forma permanente a su hermana mayor, Eivissa (Ibiza).

Dejamos las maletas y salimos por el pueblo para reencontrarnos con el lugar, para fundirnos con el alma de esa tierra rodeada de un mar de aguas cristalinas que, de forma constante e incansable, la abraza por completo. Sin apenas darnos cuenta de ello, acabamos en una pizzeria, propiedad de unos italianos (¡ay los italianos, ¡cómo adoran Formentera!) para comer unas hamburguesas caseras impresionantes, sentados en un patio fresco e iluminado por esa luz especial que sólo esa isla posee.

Tras ello, dimos otro largo paseo por St. Francesc, hasta que montamos en nuestra veloz moto y nos dirigimos a uno de los rincones más solitarios y salvajes que posee ese lugar, la Platja de Migjorn (que es una sucesión de arenales de más de ocho kilómetros), con arena blanca y sus aguas turquesas..., la sensación de locura me invadió al introducirme en ellas (libre de bañador, ¡por supuesto!), al sumergirme en el Mediterráneo, al disfrutar de esas olas casi quietas y calladas, unos olas tímidas y, a la par, sugerentes...

Una siesta, unos juegos y con las pilas cargadas, nos fuimos a pasear por el pequeño núcleo pesquero de Es Caló de Sant Agustí, tan unido al mar, tan cuidado y pintoresco, tan impregnado de olor a sal marina! Apenas sin darnos cuenta, el atardecer se nos venía encima, así que decidimos comprar una buena botella de vino blanco (grandísima elección de un vino de la tierra de Eivissa, junto a unos espaguettis a la bolognesa, para cenar sentaditos en el patio bajo la luz parpadeante de un número de estrellas incontable. Y no dejamos llevar por el silencio, por el vino, por la noche cálida y una cama que nos acogía de la mejor manera...

Despertamos al hartarnos de sueño, pero pronto en la mañana, y es que, cuando duermes bien, tan sólo unas horas parecen decenios completos, y te levantas contento y descansado, con ganas de abrir la ventana y saludar al mundo... Un buen desayuno bajo el parasol, y entre bollos y batido de cacao, planeábamos nuestro día, pero sin rumbo fijo y sin saber qué camino tomar..., así que nos dirigimos hacía la famosisíma Cala Saona, la única cala de la isla situada en el litoral de poniente, de aguas tropicales y arena más que blanca..., pero llena de turistas tapados hasta las orejas y parasoles, todo debido a que es una de las pocas zonas dedicadas, en exclusiva, al turismo de masas (por llamarlo de alguna manera, puesto que en Formentera no existe el turismo de masas), pero que nos permitió acercarnos a los acantilados y a las cabañas pesqueras, para hacer unas preciosas fotos y disfrutar de una brisa tranquila que se enredaba en nuestros rostros. Tras ello, nos fuimos hacía el Sur, hasta el Far (Faro) de Barbaria (famoso por la peli "Lucía y el sexo", donde disfrutamos de ese paisaje fabuloso, y también nos acercamos hasta la torre de defensa que hay cerca, un pequeño paseo en el que las verdes lagartijas -únicas en el planeta y protegidas por severas leyes-, nos acompañaban sin miedos ni vergüenza. ¿Qué hacer después...?Pues subir a nuestra moto (con nuestros pañuelos al viento, violeta el de veteli, azul cielo el mío), hacía la parte Norte y a una de las zonas más populares de la isla: las Platjes de Llevant y de Ses Illetes...

Ses Illetes es impresionante, y Llevant magnífico. No hay adjetivos que describan estos arenales de finísima arena blanca (y rosada en la orilla del agua), donde la sensación de felicidad toca su máximo exponente y donde te sientes como señor del mundo... Naturismo mezclado con bañadores de colores, parejas de todas las nacionalidades y de sexos iguales o diferentes, la tolerancia es tan grande que es cuando te das cuenta de las tonterías que nos marca la sociedad. En Formentera nadie se escandaliza si voy de la mano de mi novio, si dos chicas se besan de forma apasionada en la plaza, si unos recién casados heteros se miran enamorados..., o si nosotros nos hacemos fotos abrazados en la orilla del mar con el automático de la cámara, riendo y llenos de arena hasta las orejas, mientras unas chicas italianas se ríen con nosotros y después hacen lo mismo..., y como dice veteli, Formentera significa libertad.

Decidimos comer en uno de los restaurantes más in y famosos de la isla (y de las Baleares), situado en la misma playa de Ses Illetes (los camareos/as van descalzos porque está sobe la arena de la playa, pero en el camino), que se llama "Juan y Andrea", de comida muy buena y de precios muy carísimos..., pero la paella marinera nos supo a gloria bendita, los higos frescos (de Formentera y producto puro de allí) y junto al paisaje espectacular, fue algo inolvidable.

Pasando por el Estany Pudent (antiguo lago de agua dulce pero que salaron para acabar con los mosquitos y la enfermedad del paludismo)y las históricas salinas -todo formando parte de un precioso parque natural-, nos acercamos para dar una vuelta por el más que turístico pueblo de Es Pujols, donde se concentra el mayor número de hoteles y hostales, tiendas y restaurantes, junto a su hermosa playa y sus barcas pesqueras (no olvidemos que para lo que en Formentera parece grande, fuera de allí es pequeño, por lo tanto Es Pujols comparado con algún otro lugar turístico de la Península o de otras isla, es muy pequeño). En Es Pujols nos dedicamos a ver las tiendas, hacer alguna compra y disfrutar de las vistas, hasta la hora de la puesta de sol, donde llenos de arena y sol, nos fuimos con nuestra moto a St. Francesc para tomar una cerveza y una coca-cola en uno de los bares más famosos, popular y acogedor, la Fonda Plate, bajo su emparrado y en el centro del pueblo, y luego a casita para deleitarnos con una una ducha relajante, saborear una buena cena y disfrutar de la piel suave y bronceada...

Amaneció otro día radiante, un día que esperábamos con ilusión porque lo íbamos a dedicar por completo a la zona de La Mola, al este y la zona más alta, que casi vive de espaldas al resto de la isla. Subir por la carretera de curvas con la moto, entre pinares de olor a resina fresca y parar en el mirador para admirar la isla casi al completo, es una experiencia única y brutal..., hasta llegar al pueblito, El Pilar de la Mola, enclave donde la marea hippy es más que conocida, y donde hoy en día residen todos los artesanos y artistas con sus obras "made in Formentera", preciosas y únicas. Nos acercamos hasta el Far de La Mola (el faro del fin del mundo), un lugar con unos acantilados impresionantes, acantilados que caen en picado hasta el enfurecido mar, y donde el famoso Julio Verne se inspiró para escribir una de sus magníficas novelas "Viaje a través del imperio solar", y donde una placa dá fé de ello. Tomar algo en el magnífico bar chill out y entrar en la tienda es algo indispensable. Después nos acercamos hasta el Molí (Molino) de Es Pilar, antiguo molino harinero (el nombre de Formentera deriva de forment o froment, denominación en catalán para el trigo candeal, el más común en un momento dado de la historia de la isla), que ahora es un museo pequeño y muy interesante, siendo el único en buen estado, declarado monumento y que además es visitable. Estuvimos charlando con las señoras formenterinas de toda la vida,(las que se encargan de dar toda la información sobre el lugar), ellas en su formentero de campo y cerrado y nosotros con nuestro catalán abierto y neutro, ¡una gozada el poder expresarnos de esa forma!

Nos indicaron cómo llegar hasta el inicio del camino que buscábamos puesto que queríamos hacer una ruta verde, una excursión para disfrutar al máximo de la naturaleza. Fue fácil llegar y bajar desde esa meseta hasta cierto punto del camino, entonces aparcamos la moto (un poco más allá del principio) y nos dirigimos hacía el mar, con un descenso muy pronunciado y una temperatura muy alta, entre pinos y cantos de pájaros..., hasta llegar, sudando y acalorados, al pequeñísimo puerto pesquero de El Pilar, s'Estufador, donde el paisaje es casi lunar debido a la erosión del viento y el agua, y donde nos dimos un baño en aguas cristalinas desnudos al viento, al mar y frente a la vida misma. Dsifrutamos de nuestra compañía, del rugido del mar, de los pequeños animales y de las fotos que le tomamos a un precioso ejemplar de corb marí (de cormorán), comimos fruta fresca, bebimos agua más fresca aún y decidimos comenzar la dura ascensión por el empinado camino, sin prisas y con tranquilidad. Al llegar a la moto decidimos darnos un festín a base de viandas tradicionales de la isla, así que fumos al restaurante "Pequeña Isla", en la calle principal de de El Pilar de la Mola, dode comimos (en su terraza preciosa) unas torradas de pà de pagés (tostadas en pan de payés)con sobrasada -típico de allí- con miel de romero de la misma isla, ¡exquisito!A lo que siguió una paella con frutos del mar de Formentera que era una gozada, regado con vino rosado de la isla (hay muy poca producción de vino en Formentera!!!) delicioso, y postres de Formentera: pastelitos y bollitos junto a higos secos de La Mola, fue increíble, un regalo que me quiso hacer veteli para que el recuerdo de ese pequeño viaje no se me borre nunca. Hay que decir que tanto lo que ofrece el restaurante en platos de la propia isla (y de toda la vida), como el trato recibido, así como su precio (de precio medio), hacen que sea de visita obligatoria.

Y nos fuimos al Mercadillo Artesanal, tan famoso como el Mercadillo de Les Dalies en Eivissa, donde desde mayo hasta finales de septiembre, los artista y artesanos ofrecen sus productos dos veces por semana, miércoles y domingo, ¡y nosotros pillamos el último mercadillo de la temporada!Para mi, que nunca había tenido la ocasión de ir, fue una emoción incontenible, tan inconteniible que no pude evitar el llevar algo a los míos para que posean un objeto especial y buscado de un momento particular y único de mi vida. Hablé con todos/as los artesanos/as, busqué y busqué..., y encontré. ¡Cómo llegué a disfrutar...!

Luego decidimos bajar hasta un rincón alucinante al pie de la carretera de La Mola, al final de la Platja de Es Migjorn, Es Caló des Mort (La Calita del Muerto)..., no hay palabras para llegar a describirlo.... Pequeño, casi minúsculo, de arena blanca y aguas transparentes, con el fondo cubierto de esa arena, la playita cubierta de miles de conchas pequeñitas, las casetas de pescadores (creo que tan sólo hay tres!) y la puesta de sol desde el agua..., el silencio..., y las pocas personas que allí estábamos disfrutando de ese momento nos sentíamos transportadas a otra dimensión, era algo casi irreal ...

Tras una experiencia semejante, nos dirigimos hasta el pueblito que nos quedaba por visitar, Sant Ferran de Ses Roques, pequeño enclave situado en un cruce importante de caminos, famoso por varios de sus locales (de toda la vida) y con mucho estilo en plena temporada, donde dimos un paseo, vimos su preciosa iglesia, y no nos decidimos de entrar en uno de sus locales con más solera porque nos apetecía volver a St. Francesc a dar una vuelta...

Ya en St. Francesc tomamos algo, vimos una exposición de una joven pintora/artesana, y disfrutamos del ambiente veraniego (¡en otoño!) de este maravilloso centro urbano. Luego, a casa, ducha, cena y..., ..., para despertar en plena madrugada por la enorme tormenta que cayó y que fue la despedida que nos bridó nuestra querida Formentera..., y volver a dormirme en brazos de veteli...

Nuestra última mañana fue la de disfrutar de un delicioso desayuno de ensaimada rellena de cabello de ángel (típico!!!) y de ultimar unas compras en el pueblo. Luego, en nuestra querida moto y con los pañuelos más al viento aún, llegamos a La Savina y embarcamos rumbo a Eivissa. Una vez allí (más cosmopolita que nunca debido a las importantísimas fiestas de cierre de temporada de las discotecas), dimos un paseo y nos quedamos a comer en un restaurante del barrio marinero de Es Port hasta la hora de coger el bus que nos acercaba al aeropuerto...

Un trayecto en moto, otro en barco, otro en autobús y dos en tren... nos llevaron hasta nuestra casa en Sabadell..., nuevos, juntos, relajados, descansados, con fuerzas para enfrentarnos a todo y a todos...

Y como dice veteli, Formentera es LIBERTAD.

4 comentarios:

Roddo dijo...

Vaya viajecito se han dado, eh?!

Me alegra que hayan disfrutado cada uno de los momentos y lugares de Formentera, que por lo visto,leído y hablado al respecto, es de los mejores sitios del mundo para estar y desconectarse del mundo.

Besos y abrazos al por mayor para ti y Veteli, mi queridísimo Genestel!

genestel dijo...

Ya sabes que sí, Roddo, ha sido una conexión muy especial entre nosotros y con la isla..., algo inusual..., y muy, muy necesitado, la verdad.

Un abrazo gigante!!

Loco dijo...

Pues ahora a guardar ese viaje en un cajoncito y sacarlo de vez en cuando para volver a vivirlo.

Bienvenido de nuevo.
Un beso niño.

genestel dijo...

Hola Locuelo!
Si, como bien dices, ahora toca guardarlo en un cajoncito y sacarlo cuando más falta me haga, para sentirme tan y tan bien como me he sentido durante esos días...

Un beso, precioso.